Estamos viviendo en un país que se deshace ante los ojos de todos nosotros. Quienes aún intentan sacar al buey de la barranca no encuentran ayuda alguna.

Rafael SegoviaPor Rafael Segovia

Dio el madruguete. Vean el futbol, atragántense con él, digamos que ya le vamos a ganar a Brasil, crean en el amor de su Presidente, que late permanentemente con su amor al país y a su selección. Hay unos cuantos descreídos, ya hechos a la hipocresía, a saber aprovechar los espectáculos de masas para dar el golpe, para saber que la palabra dada no sirve para creer en ella, sino para reforzar todo lo contrario, el escepticismo y la desconfianza.

Vendrá quejándose del abandono en que se le tiene, en considerar en que no estamos gobernados, sino abandonados a los caprichos de él y de su señora. De que somos víctimas constantes del PAN y de los caprichos de una banda de sinvergüenzas donde destacan Manlio Fabio y Navarrete, a quienes les faltan manos para aplaudir el desgobierno.

Tenemos pues un concurso de cinismo anunciado con toda tranquilidad. Se va a liquidar a los obreros y empleados y se les va a mandar al desempleo, para satisfacción de los empresarios que esperan con ansiedad ver cómo a los obreros se les pone en su sitio. Con un puñado de dinero se les quita el trabajo y vale la pena hablar también del fondo de jubilación, las afores que ya han pagado por obligación y con el cual se va ha construir no sabemos cuál infraestructura con ayuda de una compañía que ya no sabe cómo aumentar sus beneficios.

El gobierno no sólo está desconcertado. Busca con temor cómo va a pagar a los Manlios Fabios y otros padres no de la patria sino a la Cámara de senadores dispuestos a sacrificarse por el bien común de todos los que todavía viven en esta nación y pueden mal comer y mal educar a sus hijos.

No han encontrado a casi nadie dispuesto a aplaudir sino los lambiscones de servicio, los que han servido de alfombra toda su existencia, los convencidos de lo que se llama mandar, o sea obedecer sin saber por qué. Se puede estar seguro de que no pueden responder a la primera pregunta que se les haga sobre las finanzas de la Compañía de Luz, ni su opinión sobre el sindicalismo en México, o la educación superior que deben confundir con una marca de cerveza. Todo es igual con tal de conservar la chamba. Son los Sodi del presente y del futuro: se milita en el PRI o en el PAN con la misma indiferencia a lo que piense o diga uno en otro partido. Lo único que importa es cómo se portan las finanzas de estas formaciones, cómo van a defender sus privilegios sobre todo su indispensable información sobre el socialismo sueco o el catolicismo polaco, su información debe ser de primera mano y visual.

Si se leen aunque sea rápidamente las apreciaciones de Manlio Fabio sobre la liquidación de la Compañía de Luz y Fuerza veremos que son de una vaciedad total, que se desapareció en un número circense, porque habrá que desaparecerla, porque así se hacen las cosas en México, porque así lo decretó el Presidente y lo aprobó el secretario de Gobernación que parte piñones con la frente, no tan bien y con tanto estilo como el del Trabajo, pero casi.

Se está desviando la atención para pedir que otros sindicatos igual de culpables sigan la misma suerte. Este problema es de mucho más calado. Si se liquida al SNTE y al Sindicato petrolero, ambos aliados del gobierno, el Presidente se juega su destino y lo sabe. Si pierde, pierde también la Presidencia y si gana con apoyo de la fuerza armada también deja de gobernar legalmente.

No se imaginó nunca, en el momento de la elección con su tono quejumbroso, al anunciar esta medida que no sólo se iba a considerar falso sino que le iba a alejar del pueblo para siempre, como ha sucedido. Se ha visto y se ve como una medida que tomó para salir de sus equívocos y sus errores. Se le ha condenado su falta de valor, condenar a los más débiles y dejar hacer cuanto les viene en gana a la maestra y a los petroleros que cuestan a la nación, si lo piensa, mucho más. El retraso de la educación no tiene arreglo: conocemos el precio. En cuanto al petróleo, se acabo el maná, lo que queda se lo distribuirán quienes manejan eso, que bien puede el señor Presidente encontrar inadmisible las cuentas del SME, pero admite las de los maestros porque doña Elba Esther le hizo campaña electoral con todo y los amaños que ésta tuvo.

Estamos viviendo en un país que se deshace ante los ojos de todos nosotros. Quienes aún intentan sacar al buey de la barranca no encuentran ayuda alguna. Pueden venir ahora con mil disculpas que no utilizaron en su debido momento. Poner a un secretario del Trabajo como el que tenemos era una declaración de guerra a los sindicatos, y guerra se les hizo. Y guerra a toda la nación, cosa que se confirmó cuando se leen los libros de primaria. Ilegibles, mentirosos, falsos de la primera a la última línea. Ésos son mucho más peligros que las prebendas del SME, y sin embargo se ignoran. Podemos estar seguros que ninguno de los miembros del gabinete los han consultado. Les da lo mismo si no fuera porque ahí han observado su manera de pensar. Y de arruinar a este país, al que aman tanto, y nos lo dicen todos los días.

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EL AUTOR es uno de los más destacados politólogos de nuestro país. Estudió en la Academia Hispano Mexicana y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde obtuvo el título de Maestro en Historia. Una beca de la Rockefeller Foudation le permitió asistir a la Foundation Nationale des Sciences Politiques. Reconoce entre sus maestros que llama absolutos a Pablo Martínez del Río, Luis Wekman, Francisco de la Maza y a Jean Baptiste Duwselle. Los cita constantemente, como a su esposa Paule Forcella.

El golpe

Por Rafael Segovia

Dio el madruguete. Vean el futbol, atragántense con él, digamos que ya le vamos a ganar a Brasil, crean en el amor de su Presidente, que late permanentemente con su amor al país y a su selección. Hay unos cuantos descreídos, ya hechos a la hipocresía, a saber aprovechar los espectáculos de masas para dar el golpe, para saber que la palabra dada no sirve para creer en ella, sino para reforzar todo lo contrario, el escepticismo y la desconfianza.

Vendrá quejándose del abandono en que se le tiene, en considerar en que no estamos gobernados, sino abandonados a los caprichos de él y de su señora. De que somos víctimas constantes del PAN y de los caprichos de una banda de sinvergüenzas donde destacan Manlio Fabio y Navarrete, a quienes les faltan manos para aplaudir el desgobierno.

Tenemos pues un concurso de cinismo anunciado con toda tranquilidad. Se va a liquidar a los obreros y empleados y se les va a mandar al desempleo, para satisfacción de los empresarios que esperan con ansiedad ver cómo a los obreros se les pone en su sitio. Con un puñado de dinero se les quita el trabajo y vale la pena hablar también del fondo de jubilación, las afores que ya han pagado por obligación y con el cual se va ha construir no sabemos cuál infraestructura con ayuda de una compañía que ya no sabe cómo aumentar sus beneficios.

El gobierno no sólo está desconcertado. Busca con temor cómo va a pagar a los Manlios Fabios y otros padres no de la patria sino a la Cámara de senadores dispuestos a sacrificarse por el bien común de todos los que todavía viven en esta nación y pueden mal comer y mal educar a sus hijos.

No han encontrado a casi nadie dispuesto a aplaudir sino los lambiscones de servicio, los que han servido de alfombra toda su existencia, los convencidos de lo que se llama mandar, o sea obedecer sin saber por qué. Se puede estar seguro de que no pueden responder a la primera pregunta que se les haga sobre las finanzas de la Compañía de Luz, ni su opinión sobre el sindicalismo en México, o la educación superior que deben confundir con una marca de cerveza. Todo es igual con tal de conservar la chamba. Son los Sodi del presente y del futuro: se milita en el PRI o en el PAN con la misma indiferencia a lo que piense o diga uno en otro partido. Lo único que importa es cómo se portan las finanzas de estas formaciones, cómo van a defender sus privilegios sobre todo su indispensable información sobre el socialismo sueco o el catolicismo polaco, su información debe ser de primera mano y visual.

Si se leen aunque sea rápidamente las apreciaciones de Manlio Fabio sobre la liquidación de la Compañía de Luz y Fuerza veremos que son de una vaciedad total, que se desapareció en un número circense, porque habrá que desaparecerla, porque así se hacen las cosas en México, porque así lo decretó el Presidente y lo aprobó el secretario de Gobernación que parte piñones con la frente, no tan bien y con tanto estilo como el del Trabajo, pero casi.

Se está desviando la atención para pedir que otros sindicatos igual de culpables sigan la misma suerte. Este problema es de mucho más calado. Si se liquida al SNTE y al Sindicato petrolero, ambos aliados del gobierno, el Presidente se juega su destino y lo sabe. Si pierde, pierde también la Presidencia y si gana con apoyo de la fuerza armada también deja de gobernar legalmente.

No se imaginó nunca, en el momento de la elección con su tono quejumbroso, al anunciar esta medida que no sólo se iba a considerar falso sino que le iba a alejar del pueblo para siempre, como ha sucedido. Se ha visto y se ve como una medida que tomó para salir de sus equívocos y sus errores. Se le ha condenado su falta de valor, condenar a los más débiles y dejar hacer cuanto les viene en gana a la maestra y a los petroleros que cuestan a la nación, si lo piensa, mucho más. El retraso de la educación no tiene arreglo: conocemos el precio. En cuanto al petróleo, se acabo el maná, lo que queda se lo distribuirán quienes manejan eso, que bien puede el señor Presidente encontrar inadmisible las cuentas del SME, pero admite las de los maestros porque doña Elba Esther le hizo campaña electoral con todo y los amaños que ésta tuvo.

Estamos viviendo en un país que se deshace ante los ojos de todos nosotros. Quienes aún intentan sacar al buey de la barranca no encuentran ayuda alguna. Pueden venir ahora con mil disculpas que no utilizaron en su debido momento. Poner a un secretario del Trabajo como el que tenemos era una declaración de guerra a los sindicatos, y guerra se les hizo. Y guerra a toda la nación, cosa que se confirmó cuando se leen los libros de primaria. Ilegibles, mentirosos, falsos de la primera a la última línea. Ésos son mucho más peligros que las prebendas del SME, y sin embargo se ignoran. Podemos estar seguros que ninguno de los miembros del gabinete los han consultado. Les da lo mismo si no fuera porque ahí han observado su manera de pensar. Y de arruinar a este país, al que aman tanto, y nos lo dicen todos los días.

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EL AUTOR es uno de los más destacados politólogos de nuestro país. Estudió en la Academia Hispano Mexicana y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM donde obtuvo el título de Maestro en Historia. Una beca de la Rockefeller Foudation le permitió asistir a la Foundation Nationale des Sciences Politiques. Reconoce entre sus maestros que llama absolutos a Pablo Martínez del Río, Luis Wekman, Francisco de la Maza y a Jean Baptiste Duwselle. Los cita constantemente, como a su esposa Paule Forcella.