vivalavida

Por Lucy Torres

Luz TooresNunca antes había analizado, aunque sí usado la palabra parteaguas. Y bien, si la analogía se relaciona con el hecho de separar dos entidades o periodos de tiempo, de marcar un hito, donde se ve claramente un antes y un después, sólo hasta hace unos meses pude experimentarlo en mi vida. Creo que –definitivamente- ésta se puede ahora definir en antes y después del 27 de febrero.
Me encontraba en Santiago de Chile con motivo del Congreso Iberoamericano de la literatura infantil y juvenil, habían transcurrido 4 días desde mi llegada, había paseado un poco y conocido ese país de contrastes entre edificios históricos y modernos, gente cálida y amable. El Congreso, si bien interesante, me permitió adicionalmente conocer y compartir experiencias tanto con escritores como editores o profesionales de la educación interesados en el tema. En fin, un sinnúmero de experiencias positivas.
Sin embargo la madrugada del 27, me desperté con una gran sacudida. Salté de la cama y ví como el edificio se bamboleaba como si fuera un juguete estrujado por un gigante. Mi primer pensamiento: ¡ay Dios mío está temblando! ¿qué debo hacer?. Mentiría si dijera que mi vida entera pasó por mi mente como una película, que es lo que la mayoría de la gente diría al encontrarse en una situación de esta naturaleza.
Me puse las pantuflas, un suéter y tomé mi bolsa, que por cierto no tenía ni el pasaporte ni el celular en ella. Me acerqué como pude a la puerta, todavía me pregunté si debía vestirme, sin pensar en que apenas podía sostenerme en pie. Escuché que la gente corría gritando y llorando hacia las escaleras; intuí que debía hacer lo mismo, sin saber si era lo mejor o no, y como pude empecé a bajar. No tengo idea de cómo fue o el porqué pero estuve con tanta calma todo el tiempo, fui bajando sin atropellar a nadie, el bamboleo del edificio nos azotaba contra la baranda, me sostenía fuertemente, fueron cuatro pisos y creo fui afortunada de no estar en algún piso más arriba.

Bander de Chile

Jirones de la Bandera chilena

Llegué al lobby y seguía el temblor. Fueron 3 minutos interminables de pánico. Gente desnuda o semidesnuda, histeria, llanto, estupefacción, tantos sentimientos de azoramiento, de estrés, de pánico. Se fue la electricidad momentáneamente, en tanto se encendía la planta de luz del hotel.

Entre todos esos sentimientos negativos, surgió la empatía, la solidaridad, la hermandad como seres humanos, felices de poder contar cada quien su experiencia y aportando un hombro o sosteniendo una mano a quien lo necesitara. Se olvidaron nacionalidades, edades, personalidades; se rompió, incluso, la barrera del idioma, éramos un mismo cuerpo, reconfortándonos unos con otros.

Parteaguas

Parteaguas

Estaba pensando que con tres horas de diferencia era difícil avisar a México sin asustarlos, previniendo que por la mañana escucharan la catástrofe en las noticias. De pronto, se me abrieron canales de conciencia, ¿qué dejé pendiente? Empecé a realizar un listado mentalmente con pendientes de trabajo, pagos por realizar, en fin, varios asuntos por resolver. Sin embargo, lo que más me golpeó fueron los pendientes humanos que de pronto se vieron a la mente como un gran foco de alerta como: ¿a quién no dije cuánto amo?, ¿pedí perdón a quién debía hacerlo?, ¿dije suficientes veces cuanto valoro a la gente a mi alrededor?, ¿a quién no le gracias por el tiempo que me dedicó o algún favor que me hicieron?, ¿puse mi mejor cara? ¿me esforcé todo lo que pude? ¿a quién dejé de visitar hace tiempo?, ¿a quién prometí llamar y nunca lo hice?.
¡Tantas interrogantes sin responder!
Tal vez no todos necesiten literalmente una sacudida para revisar si tienen algún “pendiente” con algo o alguien. Alguna vez leí una frase muy cierta: “La existencia es un viaje en el que no existen los caminos llanos: todo son subidas o bajadas.” Pero, ¿qué tanto estamos preparados para vivir esas subidas o bajadas? Muchas veces nos creemos “superman” o “la mujer maravilla” sin pensar en que hay cosas más allá de nuestra capacidad de solución o para la que no estamos preparados. ¿Les pasa esto seguido? Puedo afirmar que, en general, damos por sentado que tendremos vida y salud y nos despedimos cada día como si tuviéramos la certeza de que habrá un mañana. Hoy puedo afirmar más que nunca he puesto un verdadero significado al “Hasta mañana, si Dios quiere”, no sólo como un mero formulismo de despedida.

Desolacion en Santiago

Desolación en Santiago

Debemos pensar que nuestras vidas están construidas de millones de momentos, algunos los vivimos disfrutando el amor, la paz, la compañía de quienes amamos; sin embargo, muchos otros los “gastamos”, simplemente palomeando pendientes, quejándonos de todo, sobreviviendo día a día o defendiéndonos de la vida misma. Es importante que pensemos que no hay mejor momento en el que nos damos cuenta que la vida con todas sus alegrías y penurias debemos aquilatarla un día a la vez y saber que cada uno de esos momentos nos hace ser lo que somos, ese ser único e irrepetible. Y que estamos aquí por un motivo, por una misión que toca a cada uno de nosotros encontrar y llevarla a cabo.
Estimados amigos, hoy les pregunto: ¿están preparados para atender esos pendientes humanos que muchas veces olvidamos? ¿O esperan a que los sorprenda una sacudida no anunciada?

estamos preparados

La ruta de la vida

Santiago

Santiago de Chile, la ciudad de las grandes preguntas de Lucy

Hemos seleccionado la portada de ColdPlay  del disco Viva la vida  para ilustrar la crónica de Lucy Torres

El silenciero agradece su invaluable testimonio.