Dos declaraciones, un epígrafe y un testimonio
“Me preocupa mucho la pérdida absoluta de cualquier noción de respeto a la vida. Una hipótesis es que se haya tratado de una venganza por una rivalidad, tales actos no tienen sustento en ninguna lógica. Hay la posibilidad increíble de que la rivalidad no haya sido criminal, si no quizá meramente social o deportiva. Y peor aún, que se haya tratado de una equivocación de los asesinos”. Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de México
“Los jóvenes estaban en la fiestecita en un domicilio que les habían prestado, (y) estos jóvenes realmente hasta ahorita todas nuestras investigaciones indican claramente que eran jóvenes inocentes” Patricia González Rodríguez, Procuradora de Justicia del Estado de Chihuahua
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Ciudad Juárez, la foto que recorrió el mundo. Fuente Reuters
Esta patria que se extiende, desde la fealdad, hasta la fealdad.
Nizzar Al Qabbani, El poema de Balkiss
Por RK
Me da mucha pena comenzar con este epígrafe pero desgraciadamente así es como percibo en estos momentos no solamente a Ciudad Juárez, sino a todo el país, y creo que no estoy siendo pesimista, sino realista. Yo soy una ciudadana que hago país, hago patria, pagando impuestos, respetando la ley, tomando en cuenta el interés ajeno y buscando siempre el interés común, y ¿que recibo a cambio? El horror de la guerra, de la inseguridad, de la muerte, de las balas, de muertes inocentes, de vidas truncadas, de viudas y huérfanos, madres, padres, hermanas y hermanos que llorarán por siempre a sus seres queridos muertos violentamente.
Alguna vez un amigo de otra ciudad en México me platicaba que le gustaban los deportes extremos, que le gustaba sentir la adrenalina en su cuerpo, que era excitante el miedo que sentía siempre que escalaba un cerro a rapel o andaba en bicicleta en la montaña o corría a alta velocidad un carro o una moto. Cuando terminó de platicarme todo eso le dije que no era nada comparado a lo que es vivir en esta ciudad, es como un deporte extremo, ¿de verdad quieres sentir miedo, adrenalina, y pensar que es posible que ya no regreses vivo a tu casa por la tarde después de trabajar? Ven a vivir a Ciudad Juárez. No vengas de paseo unos días, ni de paso para ir al otro lado de compras. Vive, trabaja, camina en estas calles todos los días, crúzate en el camino de los soldados, policías y sicarios, asesinos jóvenes, casi niños, observa sus caras y sus manos que apenas si pueden sostener su arma, y te darás cuenta que ni siquiera conocen ni uno solo de los artículos de la Constitución, ni conocen muchas cosas más, mucho menos el valor de la vida y verás si todo esto no es como un deporte extremo.
Mi historia personal no es muy diferente a la de tantas otras en esta ciudad. El 18 de diciembre del 2000 secuestraron a mi hermano de 21 años y una semana después (la más angustiante de nuestras vidas) lo encontraron muerto en un baldío al sur de la ciudad con un balazo en la cabeza. Yo tuve que ir a reconocer su cuerpo al SeMeFo, lo vi allí tendido, sin vida, con lo que se le podía ver de su cuerpo descubierto, manos, pies y cara, amoratados, seguros signos de tortura.
El olor de ese lugar era insoportable, a muerte, así como huele la ciudad en todas partes, tanto que me vomité ahí mismo, me vomité los zapatos y le vomité los zapatos al médico forense que me acompañó hasta la plancha donde estaba mi hermano.
Desde ese año 2000, mi mamá, mi papá y la hermana que me queda no tenemos buena salud mental ni anímica, o al menos yo no, y siento que ellos tampoco. Siempre cuidándonos las espaldas, siempre fingiendo que todo está bien y que hacemos nuestras vidas “normales”, siempre albergando la esperanza de algún día obtener justicia para mi hermano, siempre fingiendo ante los hijos y los nietos una alegría que en verdad no sentimos pero que lo hacemos por ellos.
El asesino o asesinos andan sueltos, desde luego, y yo evito salir a la calle y socializar con extraños lo más que puedo porque en todos veo al asesino de mi hermano. He ido desarrollando una especie de misantropismo light, de asco por la vida y por los seres humanos. Desde ese año 2000 a la fecha he perdido a otros tantos seres queridos, parientes cercanos y lejanos y amigos, también a causa de la violencia.
2008 y lo que va de 2009 han sido los meses más difíciles desde ese diciembre del 2000 porque con cada muerte anunciada en los medios recuerdo la muerte de mi hermano y siento el sufrimiento de los familiares. Hayan sido quienes hayan sido y hecho lo que hayan hecho creo que nadie se merece morir de esa manera.
No se dónde vaya a parar la ciudad y el país (y yo misma y mi salud mental) con toda esta violencia ya imparable, aunque me lo imagino. Imagino a esta ciudad como una gran morgue, con su olor putrefacto.
La esperanza en la justicia es lo que nos mantiene vivos y un poco cuerdos.
Con la debida autorización. Fuente: www.elespartaco.com


















3 comentarios
zarza says:
Feb 3, 2010
Extraño tener la ventana abajo en verano cantando… preocupándome sólo por no chocar, no pensando si matarán al de mi lado, si de repente se les antojara hacerme y deshacerme… Extraño estar en la fila del mandado y hacer plática o comentarios de esos que siempre hacía con las personas desconocidas…
Extraño ese algo que nos distinguía por juarenses, yo siempre decía: ¡bah!, mi ciudad está horrible pero ¡ah! qué bonita es su gente…
A mí también me mataron a mis hermanas. Y, desde entonces, he luchado por no sentir el rencor que tanto abrigué un día para desear la muerte a esos tipos que se atrevieron cobardemente a arrancármelas. ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Que pasó en las generaciones que detentan el poder, que la indiferencia es tal que matar a un ser humano es hacer lo mismo que chocar o algo por el estilo?
¿Por qué le hemos dado tan poco valor a la vida? La esperanza es la última que muere decía mi abuela, y en el fondo si quitamos el miedo que tengo a diario, aún queda esperanza.
Va a sonar medio ñoño, pero el amor es la raíz y el tronco de ese árbol cuyas ramas son los valores que inspiran a la vida. Pero… hemos prostituido tanto al amor… es la prostituta favorita de todos… No hablo del amor de pareja si no lo que en realidad es el amor. A veces tengo mis ideas locas como si la vida fuera tan fácil y dijera: muy bien, todos decidamos dejar esta ciudad el mismo día, pero sería un tanto cobarde por no afrontar el problema. Sin embargo, ¿cómo tratar el problema desde este momento?
A veces me pongo a pensar que esto se volverá algo ciclico. ¿Qué será de los niños cuyos padres fueron asesinados? ¿Como será su vida? ¿Cómo explicarles que un día -fuera cual fuera la razón- alguien decidió ser el patron de su vida y quitársela, cuando en realidad todos valemos lo mismo?
Aunque me duela, esos asesinos valen lo mismo que nosotros, nadie es superior ni inferior, todos somos iguales. El perdón nos hará más fuertes, el amor evitará que un día nos amarguemos del todo, y por mucho que diga, llevo paz interna, me falta. Pero nosotros decidimos que hacer al respecto.
Que Dios tenga en su santa gloria a aquellos jóvenes que murieron de manera injusta. Que el Señor brinde fortaleza a sus familiares. Y ojalá nos ayude a que retorne la paz.
lina portillo says:
Feb 5, 2010
Sí, estamos de acuerdo que en toda la república padecemos de esta inseguridad, pero los juarenses vivimos sometidos a la piedra del miedo y del dolor. Nuestra vida social no funciona y quien tiene pánico, pierde su libertad; empieza a dejar de ser humano para convertirse en esclavo de quienes confunden la fuerza con el poder. Los juarenses no podemos seguir viviendo así. Juárez necesita funcionar de la mejor manera porque así lo exigen nuestras familias, nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Estos tiempos exigen una reparación total del tejido social. Se requiere restaurar los valores y creer en la organización social para que las cosas cambien.
mar.napoles says:
Jan 30, 2011
Es tan dificil tambien vivr con mis hijos queriendoles convencer de que esto es vida,como mama,volaria rapidamente a otro lugar si tuviera oportunidad,pero solo que fuera a una cueva,dificilmente estaria a salvo en otro lugar.