Ciudad Juárez: el universo de la impunidad. Fuente: Rocha en Milenio
Ciudad Juárez: el universo de la impunidad. Fuente: Rocha en Milenio
Por Guadalupe Loaeza
Apabullado. Desconcertado. Pasmado. Atrapado. Mortificado. Imposibilitado. Apenado. Rebasado; pero sobre todo, sumamente apachurrado se veía Felipe Calderón, en tanto Luz María Dávila, madre de Marco, de 19 años, y José Luis Piña Dávila, de 16, asesinados el 30 de enero en Ciudad Juárez, lo increpaba desde lo más profundo de su corazón: “Discúlpeme, Presidente, yo no le puedo decir bienvenido porque para mí no lo es, nadie lo es. Porque aquí hay asesinatos hace dos años y nada ni nadie ha querido hacer justicia. Juárez está de luto… Les dijeron pandilleros a mis hijos. Es mentira. Uno estaba en la prepa y otro en la universidad y no tenían tiempo para andar en la calle. Ellos estudiaban y trabajaban. Y lo que quiero es justicia. Le apuesto que si ha sido uno de sus hijos, usted se habría metido hasta debajo de las piedras y hubiera buscado al asesino, pero no tengo los recursos, no lo puedo hacer… Quiero justicia, pónganse en mi lugar, a ver qué siente… Nosotros queríamos que se presentara, que diera la cara y que allí mismo, públicamente, se retractara de todo lo que dijo”. Mejor dicho, no hubiera podido ser. Era la voz de una madre dolida, de una madre encabronada por una injusticia sin nombre y de una madre dispuesta a todo con tal de que se encuentre a los responsables del asesinato de sus dos hijos.
Era evidente que Calderón no sabía qué hacer en esos momentos, como dice Carlos Monsiváis en su maravilloso texto: “Discúlpeme, no le puedo dar la bienvenida” (El Universal, 14 de febrero 2010): “De entre el repertorio de rostros a su disposición, Calderón elige el de la preocupación contrariada”. Tan contrariada como también estaba su esposa, Margarita Zavala, quien escuchaba las palabras de doña Luz María con una inmensa y sincera compasión. Tengo entendido que cuando esta última se retiró al fondo del salón, la primera dama fue a buscarla para consolarla. He allí un gesto que sin duda compensó la parálisis de su marido que todo el mundo vio en la televisión. Qué bueno que últimamente Margarita está acompañando a todos lados al Presidente, como si lo estuviera cuidando, como si con su cercanía lo calmara de sus exabruptos, como el que tuvo con los damnificados de Chalco, al regañar a un ciudadano que osó reclamar a un funcionario la falta de atención ante las contingencias provocadas por las lluvias. “Momentito los dos. ¡Usted se espera!… ¡Y usted también! ¡Y lo peor que podemos hacer es pelearnos entre gobierno y partido!”. En efecto, dicen que el Presidente es de mecha corta, que se enoja rapidito, rapidito; dicen que un día hasta Gómez Mont le espetó: “A mí no me grites, porque te aviento la renuncia…”. Dicen que hay mañanas que ni saluda a algunos miembros del gabinete que le desean los buenos días y que trae una cara de pocos amigos como para correr. “Pocos amigos”, eso es lo que ha de tener, últimamente, Felipe Calderón; por añadidura, respecto a sus subalternos, es desconfiado. Carlos Castillo Peraza le escribió a Calderón en 1996: “Tu naturaleza, tu temperamento es ser desconfiado hasta de tu sombra. Si te dejas llevar por ese, entonces no te asustes de no contar ni con tu sombra. Ella misma se dará cuenta que es sombra, pero que no es tuya”.
Este miércoles, Felipe Calderón regresará a Ciudad Juárez, una entidad en donde no es bienvenido, en donde en 2009 hubo más de 2 mil 600 muertos por la violencia y 300 en lo que va del año, en donde hay 7 mil huérfanos a causa de las ejecuciones ocurridas desde hace dos años, en donde hay 110 mil casas desocupadas por sus propietarios que se han ido a vivir del otro lado, en donde hay 80 mil desempleados, en donde han asesinado a más de 500 mujeres, en donde los sicarios están dispuestos a matar hasta por 500 pesos, aunque se equivoquen de víctimas, y por último, en donde el gobierno federal ofrece a los familiares de los asesinados de Salvárcar visas para dejar el país: “A mí me ofrecieron la visa, y me ofrecieron a lo mejor cambio de ciudad, pero claro que no voy a aceptar (…) lo que quieren es que uno se vaya para que no digamos nada”, declaró doña Luz María a Calderón.
El sábado pasado hubo en Ciudad Juárez una manifestación denominada “SOS JUÁREZ, Marcha de Coraje, Dolor y Desagravio”. Hubo muchas consignas y un simulacro donde Ejército y policías acribillan a estudiantes y ciudadanos. La marcha estuvo encabezada por doña Luz María, quien portaba una manta con la frase: “Ni una más. Ni uno menos. ¡Basta ya de violencia!”. Hay que decir que maestros de la Universidad de Texas en El Paso también participaron en la marcha. En la zona del cruce hasta Estados Unidos, doña Luz María “agarró a golpes” a un supuesto Felipe Calderón, caracterizado por uno de los manifestantes. Incluso le dio varios manotazos, lo cual hizo que se le cayera la máscara.
Imagino que mientras Felipe Calderón duerme en Los Pinos, doña Luz María se pasa las horas en blanco, mirando el techo y acordándose de sus dos únicos hijos asesinados durante una fiesta para celebrar el triunfo en un partido de futbol, el 30 de enero de 2010. (Dilvulgado por REFORMA en su edición del martes 15 de enero de 2010) gloaeza@yahoo.com
















1 comentario
Grisel Io says:
Feb 17, 2010
Mi mas sentido y dolido pésame a los padres y a todos los mexicanos por la muerte
de sus jóvenes, de sus niños, de sus amigos, de sus hombres y sus mujeres.
Día con día hay mas ciudadanos libres de pensamiento y de espíritu.
Nos estamos sumando para tener una patria PARA TODOS donde se
pueda aspirar a construir sueños, pero lo mas importante, con oportunidades
para hacerlo.
Animate a ser un número que se sume a la lista de la participación ciudadana y no
un número de la corrupción que es el origen de los asesinatos en nuestra patria.