El rompecabezas de la vida
Por Elliot A. Klassen
Son Enrique Vila-Matas e Italo Calvino los escritores que con mayor profundidad, talento y cariño se han acercado a la obra de Georges Perec.
Para el inolvidable autor que nació en Santiago de Las Vegas, Provincia de La Habana, Cuba, el 15 de octubre de 1923 y murió en Siena, Italia, el 19 de septiembre de 1985, Italo Calvino, Perec fue un escritor sorprendente, una de las personalidades literarias más singulares del mundo.
Perec, desde la aguda inteligencia y sensibilidad extrema de Calvino, “no se parece a nadie en absoluto”.
Pero el acercamiento de Enrique Vila-Matas es más sincero y profundo.
En su obra París no se acaba nunca (La revista “Rockdelux” celebra sus 25 años de existencia con un número especial de noviembre 2009 con 200 páginas sobre las mejores obras de los últimos diez años en música, cine, cómic, literatura y series de televisión. En el apartado dedicado a los libros se comentan los veinte libros imprescindibles de esta década, de autores como Roberto Bolaño, Cormac McCarthy, Richard Ford, Jonathan Franzen, Alice Munro, Michael Chabon, Ian McEwan, Haruki Murakami, Enrique Vila-Matas, Tobias Wolf, Charles Baxter o Roberto Saviano), Vila-Matas recuerda a Georges Perec, cuya obra Especies de espacios es la opción genial “para vivir en un sitio o en muchos, para ser sedentario o viajero, para ser nacionalista rancio o nómada del espíritu…”
Les recomiendo ir al sitio del gran silenciero barcelonés; está entre nuestros blogs favoritos. www.enriquevilamatas.com
El genio literario de Vila-Matas no tiene límites. La interpretación de la obra de Perec va más allá de los cánones de la crítica literaria para abrevar en un mundo de tristeza.
Por ello es capaz de resumir la obra de Perec en un en un párrafo que tiene como telón de fondo el espíritu de Fernando Pessoa: “En definitiva, ir con los nietos a recoger las moras por los angostos caminos nacionalistas o viajar y perder países, perderlos todos viajando en los trenes iluminados del mundo nocturno, ser extranjero siempre…”
Para acercarse a la fascinación literaria de París, en general, y a Georges Perec, en lo particular o mejor dicho: para llegar a la gran Literatura, es necesario leer París no se acaba nunca.
La sombra del silenciero Vila-Matas, humilde y prodigiosamente, nos resguardará en la sensibilidad de Georges Perec. Para que seamos testigos de calidad de las indescifrables relaciones entre los escritores de culto, ofrecemos textos de la obra de Perec, “De cuán difícil es imaginar una ciudad ideal” (“Pensar/clasificar”, Editorial Gedisa):
“No me gustaría vivir en Norteamérica pero a veces sí.
No me gustaría vivir al aire libre pero a veces sí.
Me gustaría vivir en el quinto distrito pero a veces no
No me gustaría vivir en un torreón pero a veces sí
No me gustaría vivir con apremios monetarios pero a veces sí
Me gustaría vivir en Francia pero a veces no
Me gustaría vivir en el Ártico pero no demasiado tiempo
No me gustaría vivir en una aldehuela pero a veces sí
No me gustaría vivir en Isudún pero a veces sí
No me gustaría vivir en un junco pero a veces sí
No me gustaría vivir en una ciudad fortificada pero a veces sí
Me hubiera gustado ir a la Luna pero es un poco tarde
No me gustaría vivir en un monasterio pero a veces sí.
No me gustaría vivir en el Hotel Negresco pero a veces sí
No me gustaría vivir en Oriente pero a veces sí
Me gusta vivir en París pero a veces no
No me gustaría vivir en Québec pero a veces sí
No me gustaría vivir en un arrecife pero a veces sí
No me gustaría vivir en un submarino pero a veces sí
No me gustaría vivir en una torre pero a veces sí
No me gustaría vivir con Ursula Andress, pero a veces sí
Me gustaría vivir para llegar a viejo pero a veces no
Me gustaría vivir en Xanadú, pero no para siempre
No me gustaría vivir en el departamento de Yonne pero a veces sí
No me gustaría que viviéramos todos en Zanzíbar pero a veces sí”
Claro, por eso amaron tanto su obra Italo Calvino y Roberto Bolaño.
Y por eso advierte la profunda tristeza de su obra, el escritor cuya finísima e irónica historia, París no se acaba nunca, es -más que el itinerario de sus días de aprendizaje literario en la Ville lumière-, una obra también, como la de Perec, conmovedoramente triste y bella .
Perec gozó y sufrió como pocos autores la búsqueda de sus afanes literarios: la observación atenta del terrible mundo que vivimos, su historia singular, la maravilla del lenguaje y el poder de la ficción.
Quien lee sus obras: La vida, instrucciones de uso, Las cosas, La desaparición y Lo infraordinario, llega a un mundo de belleza cuyas estructuras son el recuerdo, la observación minuciosa de los objetos de la vida y un modo de ver la existencia que solamente tiene compromisos con la fuerza de la ficción y la orfebrería de la palabra.
En su primera novela, Las cosas, Georges Perec utiliza el futuro como tiempo verbal perfecto para invitarnos a viajar:
“El viaje será agradable mucho tiempo. Hacia las doce, se dirigirán con paso indolente, hacia el coche del restaurante. Se instalarán junto a una ventana, frente a frente. Pedirán dos whiskies. Se mirarán, una última vez, con una sonrisa cómplice. La mantelería glaseada, los cubiertos macizos, grabados con el escudo de Wagon-Lits, los platos recién blasonados parecerán el preludio de un festín suntuoso, Pero la comida que les servirán será francamente insípida”.
Y concluye su magistral novela con una cita de Karl Marx: “El medio forma parte de la verdad, tanto como el resultado. Es preciso que la búsqueda de la verdad sea a su vez verdadera; la búsqueda verdadera es la verdad desplegada, cuyos miembros dispersos se reúnen en el resultado”.
Claro, es explicable que después de las inigualables creaciones verbales de Georges Perec, aparecieran en el mundo de la verdadera Literatura las obras de Enrique Vila-Matas, ambos herederos dignos y legítimos del talento, de la melancolía y de la tristeza genial del grande, total e infinito Italo Calvino.
















