Francia. (1879-1953)
Nació en París en el año 1879, pintor, novelista, poeta y hombre de cine, era hijo de Francisco Martínez Picabia, agregado consular de la embajada cubana, y de una muchacha francesa que murió cuando Francis tenía cinco años. Fue educado por su abuelo Alphonse Davanne, químico y fotógrafo, y por uno de sus tíos, Maurice Davanne, conservador de la biblioteca de Sainte-Geneviévre de París. Picabia prefería el dibujo y la pintura a los libros de texto: fue un pésimo estudiante. En el año 1895 se matriculó en la Escuela de Artes Decorativas de la capital francesa, después de vencer una frágil oposición familiar. Abundando en recursos económicos, su particular talante aventurero le introdujo muy pronto en el alegre París bohemio y vividor en el que alternaba la emoción amorosa con la velocidad de los atomóviles y el bullicio de las salas de fiesta. La contemplación de las obras de Sisley condujeron su paleta hacia el impresionismo. Su buena estrella le condujo hacia un marchante hábil que hizo buenos negocios con la venta de sus pinturas.
En 1909 se casó con Gabrielle Buffet, una inteligente muchacha abundante en ideas que liberó en Picabia una estética de espontaneidad, orientada hacia la figuración abstracta.
En 1910 se realaciona con Marcel Duchamp y comienza su lucha con el cubismo de Picasso y Braque. En 1913 expone en Nueva York como representante del “arte moderno”. Conoce a Apollinaire y en 1918, coincidiendo con la muerte del poeta, publica L’athlète des pompes funèbres, un poema en cinco cantos. en esos años, Picabia se ha revelado como autor de polémicos artículos y ensayos, y como poeta precursor del dadaismo.
La I Guerra Mundial le obligó a refugiarse en Nueva York, donde se entregó a actividades presurrealistas y predadaístas con amigos como Man Ray, los Arensberg y Stieglitz. Una depresión nerviosa, en 1918, que marca el fin de su relación con Gabrielle y el inicio de un nuevo amor con Germaine Everling, le conduce a Suiza para restablecerse. Allí conoce a grandes representantes del surrealismo, entre ellos a André Breton.
Al disolverse el grupo dadaísta, desde sus inicios animado por la chispa, la gracia y el talento de Picabia, éste se orienta hacia la creación literaria y hacia el espectáculo.
La brillante Costa Azul fue el nuevo escenario de sus orgías, de sus veloces carreras automovilísticas y de sus navegaciones en yate. También de su nuevo estilo pictórico, esta vez rabiosamente figurativo. Intenta solventar el problema de la pintura en relieve mediante transparencias superpuestas y, como anticipo del “pop-art”, plasma en el lienzo escenas recogidas de reportages fotográficos o de secuencias de películas.
Por aquel tiempo acompaña al artista una nueva amante, Olaga Mohler, que comparte con él el camarote de su único yate.
Precursor de tantas cosas, artista inclasificable, al fin de la II Guerra Mundial se instala en París. Quizás presiente el aún no cercano final y pretende cerrar el anillo abierto con su infancia y juventud. Su arte se vuelve abstracto.













